La transición de lo íntimo a lo público

En los últimos años, a través de la exposición que nos ofrece la ventana digital, se ha ido modificando la relación y delimitación de las esferas públicas y privadas

Arrancando con la expansión hacia lo público: a través de las redes sociales, comunicando y transmitiendo más allá de nuestro círculo, creándonos una identidad abierta y pública como ventana amplificada al mundo. A partir de ahí, nos hemos encaminado hacia a la renuncia de la privacidad: pasando por aceptar la no privacidad, a través de las cesión de datos; asumiendo la privacidad como una barrera ante el mundo de la información y los servicios, renunciando a ella. Y finalmente, hemos llegado a la exhibición de lo íntimo: abriendo a debate y corriente social los aspectos que más nos pertenecen como la identidad sexual, de género, hábitos y herencias.

Antes, el espacio de lo íntimo era más estable, predecible e inmutable. Ahora, esta “exposición de lo íntimo” hace que aquello que construye tu identidad sea dinámico y está incluso sometido a la moda, y pasa a ser un territorio que el consumidor exhibe y modifica, abriendo la puerta a que las marcas se manifiesten y acompañen.

¿Cómo pueden ayudar las marcas?

Si la identidad es fluida, tu marca también tiene que serlo. Define tu propuesta, producto, servicio,... pensando en que no va ser para siempre: genera modelos que te permitan esta fluidez (alianzas, campañas, perfiles, beneficios, etc.)

El espacio de lo íntimo e intimidad está de moda: los mensajes donde te muestras tal cual eres, donde enseñas tu “vulnerabilidad”, tus defectos, tus problemas y tu sensibilidad conectan con el consumidor.

Y desde esta misma perspectiva, exponer tu intimidad es un síntoma de honestidad y transparencia. No hablar nada de tu intimidad como marca se asocia con lo oculto y lo antiguo. Si el cliente no tiene espacio de intimidad, la marca tampoco debería.